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Las cuatro Obras misionales Pontificias se han desarrollado como organizaciones distintas y autónomas. Ya en el pasado, la Santa Sede se preocupó de su coordinación. Conforman una Institución única, dependiente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.
Cada Obra, sin embargo, conserva su identidad, persigue sus propios fines y tiene sus reglamentos particulares. (Estatutos OMP, Cap. II, Art. III, Nro. 31).
“Las direcciones nacionales cuidarán de que las cuatro Obras Misionales Pontificias desarrollen sus actividades respectivas en estrecha colaboración y en perfecta armonía”(Estatutos OMP, Cap. II, Art. II, Nro. 14).
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Para asegurar el pleno desarrollo de cada Obra, sus responsables buscarán el apoyo de numerosos colaboradores, provenientes de los diversos ambientes. Los miembros deben ser promotores del espíritu misionero universal en su ambiente (Estatutos OMP, Cap. II, Art. II, Tit. 1, No. 13). Es, por tanto, necesario la conformación de los Equipos Misioneros para cada Obra. Los Superiores de los Institutos religiosos masculinos y femeninos, sobre todo de los Institutos misioneros, están invitados a sostener a las Obras Misionales Pontificias, poniendo a disposición de éstas colaboradores celosos y competentes (Estatutos OMP, Cap. II, Art. II, Tít. IC. No. 27).
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