La vocación Misionera a la cual Dios me llamó, nació por la escucha del testimonio de una Misionera Seglar que salió para África, cuando todavía yo era una colegiala.
Esta inquietud misionera, sembrada por aquel testimonio, fue creciendo poco a poco, a través de mi participación en encuentros juveniles misioneros, la lectura de revistas misioneras, la concientización de las estadísticas de la situación de la Iglesia en el mundo, y al constatar el número escaso de misioneros ecuatorianos en otros países y continentes. De esta manera, la invitación de Jesús esa más fuerte: “Vayan por todo el mundo y anuncien la buena Nueva a toda la creación” (Mc. 16, 15). |
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Todo esto entró en mi corazón como una llama ardiente que me invitaba a ser una misionera Ad-gentes. Conocía de las necesidades de evangelización y de ayuda, que había y hay mucho en nuestro país, pero sentía que debía compartir desde nuestra pobreza. Además conociendo que los países africanos y asiáticos abrían las puertas a los misioneros... no había nada que esperar y a la invitación de Jesús debía dar una respuesta urgente.
EN LA MISIÓN
Después de una formación religiosa y misionera fui enviada a Mozambique en 1997. La experiencia es dura pero bonita y gratificante. Es dura porque humanamente te cuesta dejar la familia, los amigos, tu cultura, tu lengua y abrirte a una nueva forma de vida, valorando a las otras personas en la diferencia, descubriendo el rostro de Dios en lo nuevo. Es una experiencia muy bonita y gratificante porque al abrirse plenamente a la voluntad de Dios y lanzarse al “vacío” de la fe, se encuentra el tesoro escondido, la piedra preciosa que vale más que todo y ayuda a superar las dificultades que se encuentran en el camino.
PASTORAL DE LA SALUD
Ahora estoy muy contenta trabajando como misionera en el campo de la Salud y en la Evangelización directa.
A nivel de Salud trabajo en la formación de enfermeras y personal técnico, porque es una necesidad urgente en Mozambique; de ellos depende casi el 80% de consultas, por lo que juntos trabajamos con los enfermos de SIDA.
Además, los fines de semana acompaño a una comunidad Cristiana formada por refugiados de guerra y les doy formación bíblica. Mozambique vivió 16 años de guerra civil, gracias a Dios ya terminó, pero quedó todo destruido; carreteras cortadas, campos minados, mutilados, familias traumadas y desplazados de guerra. Durante este tiempo el cristianismo creció (somos el 20% de cristianos) y sigue creciendo, porque sintieron el apoyo directo de los misioneros en los momentos más difíciles com9o una presencia misma de Dios que les animaba.
CORREO MISIONERO
Finalmente quiero agradecer a Dios, a las Hnas. Misioneras Dominicas del Rosario, a las Obras Misionales Pontificias del Ecuador y su “Correo misionero”, por su apoyo, sus cartas amigas y oraciones que han hecho posible que esta vocación misionera crezca y se desarrolle plenamente en beneficio de los más necesitados.
¡Escriba a la Hna. Fanny!, ella espera su carta:
Hna. Fanny Caiza
MISIONERA DOMINICANA DEL ROSARIO
CAIXA POSTAL 325. QUELIMANE. MOZAMBIQUE
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