Los niños soldados del norte de Uganda

Se calcula que aproximadamente 120.000 niños son obligados a luchar en el frente en el continente africano. Uganda es uno de los países sobre los que se han dado a conocer espantosos informes. Numerosas organizaciones benéficas luchan contra tales violaciones de los derechos humanos. Las Misiones Papales contribuyen con programas de rehabilitación e integración social para niños traumatizados.

Terror en la tierra de los Acholi

Desde hace mas de 13 años, en la región del norte de Uganda en la que se encuentran las ciudades de Gulu y Kitgtum reina una guerrilla sin tregua que viola brutalmente los derechos humanos, los más perjudicados son los niños. Es una guerra olvidada, pues el gobierno de Museveni la oculta ante la opinión mundial.

Los protagonistas del terror entre la población civil son los combatientes de la Lord's Resistance Army (LRA), la armada de la resistencia del lord, que opera desde el sur del Sudan. Arrasan aterradoramente los campos y las existencias de los Acholi, incendian poblados, destruyen escuelas, asaltan centros sanitarios, matan a mujeres y hombres. Los que más sufren las consecuencias del conflicto bélico son los niños. Los secuestros y reclutamientos obligatorios de niños y niñas de edades comprendidas entre los nueve y los dieciséis años por las tropas rebeldes se han convertido en algo cotidiano.

El número de niños que han sido raptados en los últimos años en la tierra de los Acholi -a menudo por soldados de su misma edad -supera los diez mil. Tienen que soportar los mas horribles abusos y torturas tanto físicos como psíquicos. En largas marchas a pie entre el norte de Uganda y el Sudan se les obliga a cargar con armas, alimentos y otros bienes robados por la LRA. Jóvenes muchachas son utilizadas como esclavas sexuales y violadas por los altos cargos de la LRA.

En las operaciones militares contra las tropas del gobierno los niños deportados son utilizados como escudos humanos. Tienen que robar coches y poner minas. Se les despoja de su aún inmaduro sistema moral de valores fundamentales, les dan armas y los instruyen para convertirse en “máquinas humanas de matar y combatir” que no conocen la misericordia frente a sus víctimas y enemigos. Incluso se les obliga a matar a familiares y a atacar cruelmente a sus parientes y conocidos. Robar, asaltar y destruir se convierte en su profesión.

El regreso y la reintegración de miles de niños traumatizados que pudieron escapar de las tropas de los rebeldes o que fueron liberados se ha convertido en un grave problema social.

Para las personas de la región que han sido denigradas la Iglesia representa la única esperanza en un futuro mejor en paz y reconciliación. Con el apoyo económico de las Misiones Papales la Iglesia Católica en el arzobispado de Gulu ofrece ayuda a los niños que fueron soldados para que superen sus traumáticas experiencias y puedan reincorporarse a sus familias y a las sociedad de sus poblados. Se trata de terapias físicas, morales y psicológicas con el fin de la integración social. Para ello se han creado cursos de formación ocupacional y escolar , se fomenta el arraigamiento así como la consolidación económica.

La rehabilitación y reintegración de los niños y jóvenes, que han perdido todo sentido de humanidad, dignidad y valores morales, es un largo proceso. Los 500 catequistas del Arzobispado desempeñan un importante papel en el programa básico orientado a la comunidad. Se trata de laicos de dedicación profesional o parcial en misión pastoral de la Iglesia, cuya formación esta financiada en su mayor parte por los donativos hechos a las Misiones Papales. Hasta ahora, el programa “Community Based Volunteer Consellors” (CBVB), para consejeros voluntarios basados en la comunidad, ha formado a más 900 trabajadores cristianos. Son hombres y mujeres del pueblo, los que mejor conocen las relaciones sociales y las tradiciones del pueblo Acholi. Por eso en los poblados son capaces de identificar a niños que fueron soldados, explicar los motivos y las necesidades de los niños y coordinar la ayuda que tanto necesitan. Se presta una especial atención a conseguir que las comunidades de los pueblos sepa que lo niños son víctimas y no culpables, para poder introducir un proceso de reconciliación social cuyo fin puede ser la acogida ceremoniosa y ritual en la comunidad.

“La Iglesia no puede permanecer indiferente ante la actual necesidad”, dice el arzobispo John Baptist Odamna de Gulu. “Nos esforzamos en superar esta terrible situación y en ayudar a las víctimas.” En los próximos años la Iglesia de Gulu seguirá dependiendo de la ayuda que llegue del extranjero.

Hans-Peter Hecking