El padre Geovanny Carpio es misionero de la Congregación de los Misioneros Javerianos del Yarumal. Durante sus vacaciones, y de paso por OMP, nos compartió sus vivencias de misionero. Geovanny nació en Cuenca el 1 de Noviembre de 1969. estudió en el Colegio Javeriano de Sayausí, luego ingresó a los Misioneros Javerianos del Yarumal, fue ordenado sacerdote en 1997 por Mons. Alberto Luna y en 1998 fue enviado como misionero a Kenia, África. Hoy trabaja en Maralal en la diócesis de Marzabit.
Compartir el día a día
Los misioneros al inicio tratamos de aprender la lengua nativa y la cultura del pueblo, fundamental para nuestra labor, ya que, así podemos entenderles directamente y sin intermediarios, porque es una dificultad encontrar un traductor que sea fiel a lo que el pueblo nos dice.
Geovanny y los Samburu
Estoy con los Samburu, en una región desértica. Sus vidas transcurren en torno a sus rebaños caprinos y camellos. Es un pueblo de pastores, muy sencillo, muy acogedor, al que los misioneros hemos dado lo mejor para vivir como ellos; sencillamente y ligeros de equipaje, en un ambiente nómada.
Convivir con la guerrra
Los Samburu viven en guerras, pelean por el terreno, el agua, los animales, la hierba para pastorear sus animales...
Inclusive el mismo gobierno muchas veces ha provocado estos choques tribales por sus intereses económicos y políticos.
Nuestra labor
Los misioneros no somos una ONG, para llegar con cosas y solucionar sus problemas, mas bien, nos ven como a hermanos suyos, que estamos para acompañarlos.
Nosotros no queremos imponer la fe ni estamos para convertir. Por eso en estos tres años no hemos hecho ni un solo bautismo, ni un solo sacramento. Estos vendrán cuando la gente misma nos valore y venga a pedirnos el bautismo porque están convencidos que vale la pena ser cristianos.
El mismo pueblo debe ser corresponsable de las obras que se hagan para que tenga futuro, porque cuando se les da todo, no lo valoran.
Por ejemplo, una vez concluida una capilla y apenas sale el misionero, inmediatamente es desmantelada, se roban el zinc, y todo lo que puedan, y el lugar se convierte en refugio para los animales.
Los catequistas
Nosotros no pagamos a los catequistas porque en África ser catequista es un empleo más, que lo toman no como una convicción profunda de fe de cada uno, sino que ven allí su forma de salir de apuros económicos. Por eso cuando llegamos nos dijeron: “ya llegaron los padres pobres, inclusive más pobres que nosotros mismos”.
Usted puede escribir a:
P. Geovanny Carpio
P.O.Box 91 Maralal – Kenya
EAST AFRICA
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